Hemos
pasado en poco tiempo de la inexistencia de diseño en la ejecución
de obras a una concepción de éste puramente estética
y, de esta manera, a la desconsideración de ciertos elementos
sustanciales como son la economía, los materiales, la seguridad
o la funcionalidad. Hemos caído en una actitud que podríamos
llamar, con una gran generosidad, postmoderna. En realidad se trata
del desconocimiento de lo que es el diseño.
Porque,
en primer lugar, el diseño es plan: la ordenación de unos
trabajos en función de un fin: un proyecto de obra; el camino
que hay que recorrer para llegar a un objetivo, descrito en su totalidad,
hasta en los más mínimos detalles. El diseño es
contradictorio con la ambigüedad y con la parcialidad. El buen
diseño es aquel que puede ser asumido por un tercero sin temor
a equivocarse al llevarlo a la práctica ni siquiera en los detalles
aparentemente secundarios.
Así que
en un diseño priman la claridad, la descripción exhaustiva
de todos los elementos, el ritmo de obra, la medición de los
tiempos, el empleo de materiales previamente seleccionados, la confortabilidad,
la apariencia en relación con la funcionalidad, esto es, con
las necesidades finales, con la imagen de marca... |

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